
Marina o Mariana, la protagonista de esta historia se llama Marina Cruz Cruz, pero al ver la proeza que a diario realiza, no tengo dudas que ella también es una Mariana.
Aquel día salí con la convicción de que algo bueno encontraría, buscaba un testimonio, pero lo quería contado en primera persona, en la voz del protagonista o la protagonista, quería unos pedazos de audio, quizás unas imágenes para mejorar, pero tenían que ser de alguien abatido por la vida pero dispuesto a levantarse tras cada golpe. Ya casi al final del trayecto y con el optimismo por el suelo, me conformaba apenas con unos intentos de caligrafía al carbón de un lápiz.
Entonces me llevaron con Marina Cruz Cruz, una mujer que prácticamente sola atiende Una caballería de tierra, más de la mitad dedicada a la ganadería y la otra porción muy bien cubierta con cultivos varios.

Rápidamente me di cuenta que ya tenía mucho más de lo que yo había pedido, la perseverancia me premiaba así, sentado en una modesta sala, en un humilde hogar, allí, estaba todo lo necesario para armar mi historia.
En las primeras palabras le dije Mariana y me respondió con prisa; Marina periodista y yo más veloz aún me monte en sus últimas palabras para opacar un poco su modestia y mirándolo todo a mi alrededor comencé a hablarle de la proeza que sin darse cuenta estaba haciendo, además de la importancia del fruto que salía de sus ásperas manos, de su piel tostada por el sol, de su deuda con el maquillaje por la falta de tiempo libre y le volví a decir Mariana. Esta vez, no me corrigió.
En el cruce de palabras con la inspiradora de este intento de crónica supe que nació campesina, ella se considera así porque desde su llegada al mundo siempre ha estado rodeada de labriegos y en los albores de su juventud creció la pasión por la agricultura, un amor que poco a poco se fue fortaleciendo y aquí está Marina o Mariana, haciendo parir a la tierra, viviendo de ella y aportando todo cuanto puede a la CCS Gerardo Antonio de la cual es asociada.

Actualmente no atraviesa por la época de las vacas gordas en cuanto a ganadería, pero la mala racha en alguna medida se compensa con una excelente cosecha de maíz que acaba de finalizar, pero ya casi tengo boniato y en menos de un mes sale el aguacate, comenta Marina con el rostro repleto de entusiasmo y el corazón desbordado de emociones.
De aquí ningún revendedor saca nada para exprimir al pueblo, afirma esta mujer de carácter fuerte, pero de alma blanda.
Mis producciones las vendo yo misma o a través de la cooperativa y así será siempre, asegura Marina, aunque ahora se siente orgullosa y más comprometida con la alimentación del pueblo cuando le cambias su nombre por el de Mariana, la heroína santiaguera madre de los Maceos, otros inmortales en la Historia de Cuba.
Y al fin se hizo la crónica, cumplí con Marina y con Mariana. Ahora me siento mejor, pero no será por mucho tiempo, en nuestros campos hay muchísimas proezas en el anonimato y alguien, tiene que contarlas.


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